"Se oyó un estruendo. Era como un trueno y el profesor le aseguró a la clase que solo era un trueno. Era como un rugido continuo, un ruido atronador, un ruido muy, muy fuerte. Después perdí el conocimiento. Lo único que recuerdo es despertarme rodeado de todo ese material. Solo se oían gritos y alaridos de niños en el aula. Tenía una niña muerta a mi lado, sobre mi hombro. Tuve suerte porque la única razón por la que sobreviví fue que tenía una bolsa de aire a mi alrededor. Los demás que murieron, o bien fallecieron aplastados o por asfixia, al quedar sepultados bajo los escombros, sin poder respirar. Fue una suerte que hubiera una bolsa de aire a mi alrededor, lo que me permitió respirar. Me rescataron gracias a mi pelo blanco; cuando estaban excavando, vieron mi pelo blanco. Excavaron a mi alrededor y me sacaron". Jeff Edwards tenía ocho años y estaba en un aula de la escuela primaria Pantglas, en el pueblo de Aberfan, cuando una avalancha de barro y escombros arrasó todo. Fue el último niño rescatado con vida del edificio y siempre estuvo convencido de que se debió a su característico color de pelo, que resaltó entre el barro negro. Durante décadas sufrió síntomas de trastorno de estrés postraumático.
La tragedia de Aberfan —como se la llamó— se consumó en apenas unos minutos, pero sus consecuencias produjeron una herida imborrable en la historia de Gales y de toda Gran Bretaña. El saldo en vidas fue aterrador: 144 muertos, de los cuales 116 fueron niños de entre 7 y 10 años que asistían a la primaria Panglas; otros 38 fueron rescatados con vida, la mayoría de ellos con heridas de gravedad.
Eran las 9.15 de la mañana del jueves 21 de octubre de 1966 y los alumnos de la escuela de esa pequeña localidad minera de Gales, estaban comenzando sus clases. Había un clima festivo en las aulas porque era el último día de escuela antes de que comenzaran las vacaciones. También los vecinos estaban iniciando las actividades del día, centradas en los pequeños comercios, pero fundamentalmente en la mina de Merthyr Vale, un yacimiento de carbón que llevaba un siglo produciendo y daba trabajo a gran parte de la comunidad.
Los chicos estaban acomodándose en sus pupitres y los maestros intentaban acallar su bullicio cuando las luces de las aulas empezaron a centellear. Un instante después se escuchó un violento ruido que uno de los docentes sobrevivientes definió como "si un jet estuviera volando demasiado bajo sobre la escuela". El ruido, en realidad, lo producía una avalancha negra que partía de la mina, bajaba por la ladera de la montaña y arrastraba todo lo que encontraba a su paso: rocas, árboles y casas que iban acrecentando su volumen. Esa "avalancha negra" eran más de 40.000 metros cúbicos de escombros de la mina de carbón.
La catástrofe fue el desencadenamiento de una situación que se generó lentamente, de manera sorda. Durante más de medio siglo, toneladas de desechos de la excavación de la mina —barro, piedra caliza y carbón— habían sido depositados irresponsablemente en la cumbre de la montaña de Mynydd Merthyr, directamente sobre el pueblo, y ese día colapsó debido a la acumulación de agua y residuos que empezó a deslizarse por la ladera de la montaña. Pocos minutos después de que todos escucharan el estruendo, la "avalancha negra" inundó la escuela con una fuerza arrasadora.
Luego se produjo un silencio de muerte. "Todo quedó demasiado quieto y silencioso, como si la naturaleza se hubiera dado cuenta de que había cometido un error tremendo y hubiera quedado anonadada", describió Cyril Vaughan, un profesor de la escuela secundaria del pueblo —muy cercana a la primaria— en 2016, cuando la BBC lo entrevistó al cumplirse medio siglo de la tragedia. La escuela secundaria también sufrió daños y dieciocho casas en las calles circundantes quedaron destruidas. El barro y el agua del deslizamiento inundaron otras viviendas en las cercanías, obligando a muchos a evacuar.
Cuando el material del deslizamiento se detuvo, se solidificó nuevamente. Un enorme montículo de lodo de casi diez metros de altura bloqueó el área. El director en funciones de la escuela secundaria recordó: "La entrada de las niñas estaba aproximadamente entre dos tercios y tres cuartas partes llena de escombros y materiales de desecho... me subí a los escombros de la puerta... cuando miré directamente delante de mí... vi que las casas de Moy Road se habían esfumado en una masa de material de desecho y que el frontón de la Junior School, o parte del techo, sobresalían de este pantano. Miré a mi derecha y vi que las casas de Moy Road habían desaparecido".
Los padres de los alumnos y vecinos corrieron desesperados al colegio y comenzaron a excavar para tratar de desenterrar a los niños. Después llegaron la policía y los rescatistas, y a medida que se propagó la noticia, también cientos de personas de poblados cercanos llegaron a Aberfan para tratar de ayudar. Fue muy poco lo que pudieron hacer. Sólo algunos niños fueron rescatados vivos en los primeros minutos. Después de las 11 de la mañana local ya no se encontraron sobrevivientes. Muchos de los niños y maestros murieron por el impacto o asfixia. El resto de los muertos eran habitantes que se encontraron en el paso de la avalancha.
La noticia del derrumbe y el terrible saldo en vidas que había dejado causó conmoción en todo el mundo. El Papa Paulo VI expresó desde Roma toda su "compasión y ternura por el dramático suceso", mientras el primer ministro británico, Harold Wilson, viajó de urgencia hasta Aberfan para solidarizarse con sus habitantes. También fueron dos enviados de la reina Isabel II, el príncipe consorte Felipe y Lord Mountbatten, a los que se sumó el marido de la princesa Margarita, Lord Snowdon, quienes permanecieron varias horas en el pueblo como muestra de apoyo a los vecinos y los familiares de los muertos.
Ninguna de esas presencias sirvió parar disminuir el impacto que provocó la ausencia de la reina que, inexplicablemente, prefirió quedarse en el Palacio de Buckingham. Isabel II no demoró en arrepentirse de esa decisión —que desató una ola de críticas en los medios y la sociedad británica— y viajó ocho días después al lugar de la tragedia, cuando ya era tarde para revertir el desgaste que había sufrido su imagen. Esa tardía visita, en la cual fue recibida por una niña que le entregó un ramo de flores y un mensaje "de parte de los niños que quedan en Aberfan", no sirvió para acallar los reproches que había provocado esa demora. La mayoría de los medios británicos calificó a la monarca de "insensible". En un intento de corregir su error, la reina visitó luego en cuatro ocasiones el pequeño pueblo de Gales, una de ellas para inaugurar un nuevo colegio de primaria, tal y como prometió pocos días después del desastre.
La ausencia de la reina volvió a ser objeto de discusión en 2016 con el estreno del capítulo que aborda el hecho en The Crown —la serie de Peter Morgan para Netflix que reconstruye la vida y el extenso reinado de Isabel II—, donde vuelve a mostrársela como una persona insensible al dolor de sus súbditos galeses. En la serie, todo el mundo está devastado por el desastre minero menos la reina, que se esconde de la conmoción en el Palacio de Buckingham, incapaz siquiera de emocionarse con una tragedia que se cobró casi 150 vidas, la mayoría de ellas de niños. En la reconstrucción se rescata la razón que alegó Isabel en un primer momento para no viajar a Aberfan: que su presencia allí acapararía la atención y se convertiría en un estorbo para los trabajos de rescate. Sin embargo, se la muestra fría como el hielo, al punto de apenas derramar trabajosamente una lágrima por los muertos.
Esa imagen que muestra la serie reabrió también el debate y puso en negro sobre blanco por primera vez otras posibles causas de la ausencia de la monarca. "Creo que Aberfan afectó profundamente a la reina cuando fue allí. Fue una de las pocas ocasiones en que derramó lágrimas en público", salió a decir Sir William Heseltine, que servía en la oficina de prensa real en ese momento. También se rescató un mensaje que la monarca envió de inmediato a los pobladores del pueblo galés, donde dice que está "profundamente conmovida" y que acompaña "profundamente en el sentimiento" a los familiares de las víctimas. Y termina: "Estoy abrumada y horrorizada al saber el terrible desastre". Para dar por terminada la polémica, Sally Bechdel Smith, biógrafa de Isabel II, citó la explicación que dio la propia reina para no viajar de inmediato a Aberfan: "No voy a ir porque la gente me atenderá a mí y tal vez desatenderán a algún pobre niño que puede ser hallado bajo los restos", dijo.
Más allá de las justificaciones —propias y ajenas—, la tardía respuesta de la monarca quedó grabada en la historia como una de las manchas más oscuras de su extenso reinado. Hace unos años, en una entrevista con lord Martin Charteris, antiguo consejero de la corona, el cronista de la realeza Gyles Brandreth le preguntó:
—¿Hay algo de lo que Su Majestad esté arrepentida?
—Aberfan —respondió sin dudar el consejero.
Frente a las polémicas sobre la imagen de la reina Isabel surgidas luego del estreno del capítulo de The Crown, un vocero de Netflix explicó cuál había sido la intención de los productores: "Si bien es cierto que la Reina no visitó el lugar del desastre durante ocho días, no creemos que esto la retrate como 'insensible' o 'totalmente indiferente'. Mostramos a una monarca naturalmente contenida, mientras que sus asesores cuestionan su estoicismo ante una catástrofe tan terrible... Nos hemos esforzado al máximo por representar los días posteriores a esta tragedia con respeto y con la debida consideración hacia los residentes. Esperamos que, al llevar este suceso a una audiencia global, la gente comprenda mejor uno de los acontecimientos más trágicos del reinado de la Reina", dijo en una entrevista con el medio especializado RadioTimes.
Más allá de la dramatización de Netflix, hay dos documentales que reconstruyen con fidelidad, a través de imágenes de época y testimonios, la tragedia y sus consecuencias. Se trata de The Aberfan Disaster, de 2006, Dirigido por Catrin Edwards y narrado por Rhys Ifans, que repasa los hechos y el impacto humano del deslizamiento, y Aberfan: The Green Hollow, producido en 2016 por la BBC al cumplirse medio siglo del desastre, donde se combinan dramatizaciones con testimonios reales de supervivientes y rescatistas.